En los últimos años, a menudo me han preguntado y me he preguntado después de cumplir algunos objetivos o metas: ¿estás contento? Creo que la respuesta poco importa si te tienes que hacer la pregunta para saberlo.
A comienzos de esta semana me contactaron para ofrecerme un trabajo, todo un reto, realizar toda la parte de comunicación con prensa e influencers para la promoción de un futuro estreno cinematográfico en salas. Y hoy mismo, cuatro días después, me han pedido realizar la organización de un pequeño evento de reinauguración de una librería. Al mismo tiempo, en estos días una ex-colaboradora de Underbrain Show ha dado el salto a la televisión, lo que me ha provocado cierto déjà vu, pero de esto hablaré en otra ocasión si interesa reflexionar sobre lo que puede ser ¿una escalera de protagonismo?, aunque tiene cierta relación con el tema de hoy.
Tendría que hacer memoria, pues no es la primera vez que me sucede, sin embargo, siempre que pasa no deja de sorprenderme. Me buscan por algo que hice, y quieren que lo haga para ellos. Está claro que si me lo piden es porque ya he demostrado saber hacerlo, pero eso no quita que me sienta como pez fuera del agua. Podría decir que el síndrome del impostor surge al hacer algo por el que no estoy preparado de la forma habitual, o así lo creo yo. Al fin y al cabo, soy autodidacta e intruso en todo lo que se tercie. Y el hecho de hacerlo para otra persona incrementa este sentimiento de impostor, supone un compromiso por algo de los que no tengo los mecanismos que se esperan, así que me genera más inseguridad y estrés de lo habitual, no es como si lo hiciese para mí mismo.
Comencemos por el principio, cuando Santiago Alvarado, al que conozco desde hace más de una década por McKeyhan, comenzó a producir su primera película «Capa caída» (2013) y me pidió el contacto del actor Josep Seguí, con el que había trabajado en «Suburbio mental» (2011) o de Miguel Noguera para ofrecerles un papel, no dudé en ayudarle. Entre medias hubo la opción de hacer una pequeña animación que nunca llegó a materializarse. Finalmente, con la película terminada y un premio del festival de Sitges bajo el brazo, también quise ayudarles en la promoción de su estreno posterior en salas y más. Enseguida les facilité mails de contactos relevantes, e incluso realicé un mailing a mi lista de prensa para lograr captar más medios que pudiesen hablar de ello con tan buen acierto que, entre otros, el propio Andreu Buenafuente mostró interés. Creo recordar que entonces me contrataron para hacerles la web de la productora.
Once años después, sin haber perdido el contacto al 100% porque de alguna manera hemos ido coincidiendo en eventos o ha acudido a los que he organizado yo (quinto aniversario de Underbrain o el Oh! Comics fest), Santiago me escribe para decirme que va a estrenar su (tercera y) nueva película «Cuando los Amos Duermen» (2023) en salas y quiere contratarme para realizar la comunicación con influencers y prensa. Se acuerda de cuando le ayudé y lo bien que fue.
Llegados a este punto, el halago que siento es evidente, aunque también el miedo a cagarla está ahí. Si bien, es algo que realizo de forma regular para promocionar mis movidas y sé cómo hacerlo, pero si luego no logro respuestas es como, se ha intentado. Ahora cobrando toca conseguir que salga todo bien, todo perfecto. Si ya de por sí soy autoexigente, esto puede ser enfermizo y los primeros días un poco están siendo así, buscando correos a horas intempestivas y realizando reuniones online, como nunca antes había hecho.
De pronto, el mes que iba a ser más de relax para preparar el cómic de Iris en tres semanas, se presenta con un reto en forma de trabajo remunerado que no podía rechazar.

Del cómic de Iris apenas avancé el lunes y hoy sábado. Ya tengo un esquema de por dónde van a ir los diferentes tipos de historias, de su formato (capítulos de 6 páginas), plantilla de las viñetas, algunas ideas a tratar y el mini-storyboard de dos de las historias (el objetivo era hacer cinco, aunque lo veo más difícil de cumplir ahora).
Volviendo al tema, lo segundo que me ha pasado esta semana y que ya he comentado brevemente, es recibir la petición de organizar un pequeño evento de reinauguración de una librería. Se trata de Newton Cómics fundada en 1996 y ubicada en el Raval de Barcelona. En estos últimos meses han estado realizando un lavado de cara importante, con nuevas estanterías, nueva instalación lumínica, nuevos elementos decorativos y más, por lo que quieren celebrarlo como se merece, darles una fiesta en la que participen autores de cómics y asistan lectores.
¿Por qué yo?, hablando con Ferran Velasco, su propietario (al que no he dudado en pedirle colaboración en alguna ocasión, como cuando hice un set de fotografías de desnudo con Caomei Bala en Universal Comics, su otra librería) me comenta que se acuerda de cuando organicé la fiesta del décimo aniversario de Underbrain con conciertos, gominolas y más, y cree que su reinauguración necesita algo así, que salga de la norma y haga salir de casa a autores de la ciudad para celebrarlo. Sería en un mes y no he sabido decir que no, creo que puedo hacerlo, por ahora solo tengo que presentar un plan y presupuesto.
Tanto por la promoción de la película como por la reinauguración de la librería, es en momentos como estos en los que se me pide hacer algo para los que ya he demostrado valía que siento que lo han valorado positivamente; sin embargo, después me siento inseguro, ya que el éxito de estos (promoción e inauguración) se mide en la respuesta de lo que decidan hacer otras personas (hacer promoción o asistir), por lo que puede ser todo un desastre.
Entonces, ¿estoy contento?, por instantes, sí, han valorado algo que he hecho y confían en mí, pero la felicidad dura lo que dura porque implica arriesgarlo todo al segundo siguiente sin saber si saldrá bien.
[post publicado originalmente en Patreon]

18 noviembre, 2024 a las 1:00 am
Más que «como pez fuera del agua», lo que cuentas me da la sensación de que te hace sentir «como pez en la pecera de otro». Está más que claro y más que demostrado que le sabes sacar un gran rendimiento a los medios de los que dispones (y que muchos otros, con mucho más, hacen mucho menos) y presentar unos resultados más que notables. El proyecto de Underbrain desde sus inicios, la editorial con sus obras, el Oh! Cómics, los programas de Twitch, las reseñas de YouTube… No creo que nadie pueda decir que algo de eso está regular o ponerle muchas pegas. Pero aun así no parece que todo eso se vea recompensado con más números, más reconocimiento o más trabajo por ello, cosa que sí parece suceder cuando ayudas a otros. Es como si todo el esfuerzo que le pones a las cosas solamente diera algo de vuelta cuando lo haces para los demás, con lo que es normal que te pueda frustrar.
18 noviembre, 2024 a las 11:00 am
Gracias, y no te falta razón. También puede ser que la base de construcción de mis proyectos no es la habitual, o la aparentemente habitual, primero buscar la pasta y luego hacer lo demás sin importar cómo quede porque ya está el dinero. Vender la moto sin enseñarla, vamos. Sin embargo, yo pienso al revés, haz las cosas que el dinero vendrá después, cuando funciona así.