y me gustaría decir que he renacido más fuerte y valiente; sin embargo, la mochila que cargo es más pesada de lo que estoy dispuesto a vaciar.

Este verano he muerto varias veces...

Estaba sucediendo y no lo supe ver, estabas enfermando y perdiendo peso, pero tu energía seguía siendo la misma, lo que me confundió, ¿podría haber sido diferente de haber reaccionado antes? No lo sé. El 26 de julio fue el último amanecer de Iris. Lloro mientras escribo esto al recordar su última noche, pero sin duda Iris necesitaba dejar de sufrir.

La reciente muerte de las mascotas en mi familia y amigos en el último año hacía que fuese consciente y práctico al respecto, el día que tuviese que pasar, la prioridad tenía que ser evitar el dolor del animal, aun así no esperaba que fuese a ser tan pronto y, de todos modos, es difícil no ponerse triste llegado el momento porque una pequeña gran parte de mí había muerto.

Crecí, como cualquier hijo de vecino en España, bajo el yugo de la religión católica, el cielo y el infierno, una vida en el más allá después de la muerte. Con los primeros atisbos de madurez o crítica del entorno dejé de creer en ello, el único modo de tener una vida más allá de la muerte, es no ser olvidado por los que todavía aún viven. Ser recordado. Y pienso hacerlo hasta el final.

Por otro lado, mi vida profesional lleva tiempo dando tumbos, de poco está sirviendo sacrificio y esfuerzo cuando lo estás haciendo prácticamente con números rojos en la cuenta porque prefieren explotarte laboralmente o darte puerta cuando les dices que deberían aflojar con las exigencias o mejorar el pago. Y si a ello le sumamos que no tienes de tu lado a los entes de poder, es decir, cuatro tipejos que controlan el cotarro del «sector» y su dinero. Eres un cero a la izquierda.

Y, a pesar de ello, hasta ahora nada me había detenido por hacer el mejor trabajo posible, modestia aparte, con mejores valores y calidades que los profesionales con sueldo mensual; sin embargo, de nada ha servido porque los resultados no han acompañado. El 18 de agosto anunciaba públicamente la cancelación del Oh! Comics Fest 2025, una muerte que habrá molestado a algunos, aunque verdaderamente solo me ha afectado a mí.

Comencé a mediados de diciembre del año pasado a preparar una nueva edición de Oh! Comics, es decir, un mes y medio después de acabar el anterior. Como sabía que no podría contar con el espacio que había sido habitual, empecé a escribir mails, visitar sitios, ver qué espacios eran aptos o no, todo ello mientras iba recibiendo rechazos. A su vez, proponiendo nuevas colaboraciones y acciones a nuevas personas y entidades, además de ir pensando nuevas actividades y pensando en la recuperación de las exposiciones, estaba claro que debía suponer un salto a realizar la mejor edición posible hasta la fecha. Desgraciadamente, todo eso ha quedado en nada porque, aunque di con un espacio bastante interesante, las circunstancias incrementaba los gastos en un 500%* y la respuesta ha sido más bien justita.

¿Debía sacrificarme de nuevo y tirarme de cabeza al foso? Tras mucho pensarlo, me dije que no. Creo que ya he demostrado valía y si el cosmos, el Karma, Dios, el Horóscopo o los ciclos lunares debían compensarme, ya lo podrían haber hecho.

Decir NO es algo que de vez en cuando se me da genial decir, No a proyectos que no me llevan a nada, No a seguir siendo explotado y pobre, para eso me quedo siendo pobre, No a supuestos compromisos que no fueron míos…

Eso no quita que, como decía al comienzo, cargo con una mochila metafórica que hace que siga haciendo ciertas cosas porque es lo que se espera de mí, porque es lo único que sé hacer, porque ya lo empecé o porque, ahí está el miedo a quedarse solo. Tampoco quita que esos noes que he mencionado sean acertados, que no siempre se sienten satisfactorios una vez dicho, pero cuando si lo es, sientes al instante la libertad, un pequeño vacío en la mochila y una subida de serotonina que dura unos pocos minutos que son impagables.

Por ir acabando, no estoy bien, tengo una edad y no tengo futuro, no obstante, la gente espera cosas de mí, siempre gratis, entonces ¿qué debería hacer? Seguir escarbando porque estoy a pocos metros del tesoro, o abandonar ya toda esperanza porque nada tiene sentido.

*porcentaje orientativo, no me he parado a calcularlo. Espero que se entienda la complicación del asunto.

[post publicado originalmente en Patreon]