Esta semana, de visita en Terrassa, bromeaba con la posibilidad de irme a vivir ahí, pero lo descartaba al instante diciendo que echaría de menos la vida cultural de Barcelona.
Se hacen muchas presentaciones y eventos en la ciudad, para bien o para mal, ya que no puedes acudir a todos o no te enteras a tiempo de ello; eso sin contar con los que ya son con entrada y que no te puedes permitir ir.
Aunque va por temporadas, suelo acudir a muchas de estas cosas para fotografiar y hacer, en cierto sentido, una crónica para Underbrain y sus redes sociales (principalmente Instagram). En muchas ocasiones es gente que conozco personalmente, o su obra, otras tantas, por descubrir cosas nuevas.
En la gran mayoría de las veces, estos actos culturales no cuentan con una repercusión en medios, ni siquiera por sus propios protagonistas en sus canales de difusión. En un mundo hiperexpuesto, estos actos pasan desapercibidos y no son ni documentados de alguna manera.
Creo que es una gran labor que hago (sin que nadie me lo pida, lo sé), sin embargo, es como si importara tres pepinos a la gente. Los primeros días, si va bien, las publicaciones tienen su pequeño eco, pero después pasa al olvido.
Es cierto que son textos en los que no intervengo como el clásico cronista que es protagonista de lo que está sucediendo a su alrededor, prefiero ser más objetivo y aportar imágenes originales. Y tal vez no tengan la fuerza de ser una crónica de la subcultura barcelonesa, si es que eso sigue existiendo, como para captar adeptos. Al final, no me centro en un nicho, lo que ayudaría a centrar el interés del lector… Sin ton ni son, asisto tanto a eventos de cómics, como a presentaciones literarias, museos, toys, conciertos, expos o lo que se tercie.
Ya he comentado en un texto anterior que ya no me obsesionan las cifras, si bien, con el tiempo me pasa una cosa, como con todo, a veces no sé si lo hago por placer, por «conseguir contenido» para Underbrain o por cumplir con lo que se espera de mí. Más de las dos primeras cosas, aunque el pensamiento de la última ha pasado por mi cabeza.
Esta semana misma he acudido a tres eventos relacionados con los cómics y fui a ver una expo, de algunos publicaré imágenes en redes, de otras no, ni falta que hace.
Manolo Carot firmando «Una revolución llamada Rasputín»
Exposición de Núria Just en el Hoxton Hotel
Nadar presentando «Truman Capote. Regreso a Garden City»
Álvaro Terán presentando «Cuenta compartida»

Pese a que he idealizado la idea de vivir de forma ermitaña, alejada de la sociedad en medio de la montaña (siempre y cuando contara con los medios necesarios de la vida moderna, es decir: Internet, mensajería y conexión de transporte público con la ciudad) y fuese un hogar con suficiente espacio. [No, no estoy diciendo que Terrassa sea ese sitio, esta idea ha convivido conmigo año, pero esta escapada ha sido la excusa para hablar de ello ahora]. La realidad es que, además de estos eventos culturales, el vivir en Barcelona me ha permitido acceder a realizar entrevistas a autores/as y/o vivir experiencias que no se hubiesen dado de vivir en otro sitio.
Siendo todo esto, actos culturales de baja estofa, ni Palaus de la Música, ni Hotel Arts, ni fiestas exclusivas en Sarrià. Al final, actos públicos a los que puede acceder cualquiera.
Que, por otro lado, y siendo un melón que no voy a abrir, el ser de Barcelona ha mermado esa «atención» con el que cuentan otros, la competencia es mayor.
Definitivamente, puede que esté malacostumbrado, que tal vez me buscaría la forma de cambiar las cosas o mis intereses serían otros, pero luego es habitual ver como algunos que están en el candelero, son de pueblo y actualmente son los que agitan la cultura (sea desde radios, podcast, televisiones o canales de Internet) y lo están haciendo desde las ciudades capitales del país.
¿Sirve de algo esas crónicas de eventos que realizo? (si quieres curiosear, en Underbrain Mgz puedes leer estas en las categorías Crónicas y Visual Xperiences) ¿Me autoengaño al creer que lo hago para mí o por los demás? ¿Soy un culturera poser? ¿Me olvido de todo y me mudo a un pueblo?
[post publicado originalmente en Patreon]

1 diciembre, 2024 a las 12:58 pm
¿Realmente importa que lo hagas para ti o para los demás? Yo creo que lo importante es que lo hagas, siempre y cuando lo disfrutes. Que pueda interesarle o no a La Gente™ es algo que nadie puede saber. Recuerdo un vídeo de hace muchos muchos años en YouTube, de mi adorado Paco Paz («El Entrenador») donde hablaba de un amigo suyo cuya pasión era hacer fotos… sin carrete. El tipo iba por ahí siempre con su antigua cámara buscando los rincones y las postales más espectaculares para hincar la rodilla, mirar a través de su objetivo, y pulsar el disparador. Luego eso se quedaba ahí, en el momento que él disfrutó haciéndolo, nadie podía ver el resultado de algo que no existe, pero tampoco le podían quitar la satisfacción.
Y similar algo parecido le pasaba a mi no menos idolatrado Bowie, que a pesar de tener una carrera que duró casi 50 años, «apenas dio conciertos» (dio algo más de 1.000, pero en comparación con coetáneos como los Stones o grupos con una década menos como Metallica, estaba lejos). ¿Por qué? Porque si algo le caracterizaba es que no le gustaba repetirse. Lo suyo era crear, lo que más disfrutaba del mundo era el proceso creativo, compartir tiempo con otras mentes activas, las horas en el estudio de grabación haciendo lluvia de ideas y probando cosas que tal vez no llevaban a nada, pero era divertido y emocionante mientras las expectativas duraban.
Hay gente que necesita estar activa haciendo algo y el resultado es lo de menos (no en el sentido de calidad, sino la repercusión). Habiendo visto una buena parte de tus trabajos, creo que lo harías exactamente igual si supieras que llegaría a 50 o a 500.000 personas. Y eso es bueno.
1 diciembre, 2024 a las 1:34 pm
Me quedo con lo de «lo importante es que lo hagas, siempre y cuando lo disfrutes», pero tiendo a no hacerlo del todo, por ejemplo con el último Oh! Comics viví algo así.
Lo de los cantantes es una cosa que siempre me ha parecido muy loco, repetir como una fotocopia concierto tras concierto, los actores de teatro igual, mientras que los del cine y la televisión actúan «una vez» y ganan más.
Si fueran 500.000 personas, puede que hiciese incluso más o más fácil, sin duda, aunque estoy más en la línea de Bowie, el hacer cosas nuevas siempre; dentro de lo que se pueda, claro.